"La noche no es una ciencia" es una cautivadora canción del cantautor uruguayo Jorge Drexler, incluida en su álbum "Bailar en la cueva", lanzado en 2014. Con letras profundas y reflexivas, esta pieza musical ofrece un viaje introspectivo que explora el proceso creativo y las emociones asociadas con la composición.
Desde el inicio de la canción, Drexler establece un ambiente melancólico al presentarse "hasta el mar con la noche en la mira". Esta imagen poética evoca una búsqueda del significado y de la inspiración en medio de las sombras que proyecta la noche. Los "lentes de cerca" hacen referencia a una perspectiva íntima, centrada en los detalles de su entorno y su estado psicológico. Además, menciona su "guitarra rota", lo que puede interpretarse como un símbolo de vulnerabilidad o imperfección, un reflejo del propio ser humano en su búsqueda artística.
La letra continúa explorando el desafío que representa crear música: "Es que la noche no / La noche no es una ciencia exacta". Aquí se introduce la idea de que el arte no obedece a reglas fijas, sino que es un proceso caótico e impredecible. Este sentimiento resuena con muchos artistas que han experimentado bloqueos creativos o han sentido que sus esfuerzos son vanos frente a la atmósfera fluctuante e incierta de la creación artística. La ironía se hace presente cuando admite: "Yo debería a esta altura saberlo", sugiriendo que incluso con la experiencia acumulada, sigue siendo difícil comprender plenamente el proceso creativo.
La relación entre soledad y creación también se destaca cuando señala: "La soledad no traía canciones / Traía demonios, resaca, tormenta". Este contraste profundo entre lo negativo asociado con estar solo y los momentos inspiradores revela una lucha interna constante. A menudo se retrata al artista como alguien atormentado; sin embargo, Drexler transforma esta lucha en un motor para su creatividad. Al referirse al “extraño regalo de ser un eterno autodidacta”, reitera cómo las dificultades pueden llevarnos a crecer y aprender por nuestra cuenta.
Los versos repiten varias veces: “Es que la noche no es una ciencia exacta”. Esta insistencia subraya su mensaje central: abrazar la incertidumbre como parte del arte y aceptar lo desconocido como parte integral de cualquier actividad creativa. Hacer canciones implica aceptar lo efímero y fugaz; tampoco hay garantías ni fórmulas preestablecidas para tocar fibra sensible o conectar genuinamente con otros.
En cuanto a datos curiosos sobre esta canción, podemos mencionar cómo muchos críticos han alabado a Drexler por su capacidad para fusionar poesía lírica con melodías envolventes. Su estilo único ha influido considerablemente en el panorama musical hispanoamericano contemporáneo.
"La noche no es una ciencia" ilustra perfectamente esa danza entre luz y oscuridad inherente al acto creativo; cada intento fallido aporta lecciones valiosas mientras cada canción exitosa emerge desde ese caos emocional. En resumen, esta pieza invita a los oyentes a reflexionar sobre sus propios procesos creativos, resaltando tanto las luchas como las pequeñas victorias que acompañan este hermoso viaje artístico.